Rutas Urbanas
Ruta de las Tres Culturas
Ruta de las Tres Culturas
Durante la Edad Media, en Tortosa convivieron las tres grandes religiones monoteístas: la cristiana (dominante desde la conquista de 1148), la islámica (que había controlado la ciudad entre los siglos VIII y mediados del siglo XII) y la judía, con presencia documentada al menos desde mediados del siglo V y que, aunque no era muy numerosa respecto a las otras dos, mantenía un notable dinamismo cultural y económico.
Esta ruta permite conocer los elementos más importantes que la ciudad conserva de esta etapa histórica tan relevante y de las culturas que se desarrollaron en ella.
1. La judería
Está situado dentro del barrio de Remolins y conserva en gran medida el urbanismo original de sus calles, a pesar del paso de los siglos desde la expulsión de los judíos a finales del siglo XV. Iniciamos la ruta en la plaza Menahem Ben Saruq, situada junto a la torre del Célio. Está dedicada a un destacado escritor y gramático de época andalusí que vivió en la Córdoba califal en el siglo X.
Si seguimos la muralla medieval, llegaremos al Portal de los Judíos o del Hierro, que comunicaba el sector del Call con el cementerio de la comunidad judía. En este recorrido no debemos perder la visita a la calle de la Vilanova, que tiene la peculiaridad de presentar un trazado rectilíneo, poco habitual en las calles medievales, fruto de una reforma urbana del siglo XIV para dignificar el corazón del Call Nuevo.
Alrededor de la calle Mayor de Remolins, que dividía la judería Vieja, situado en el lado del río, y la Nueva, en el lado de la montaña, encontramos espacios muy evocadores como la medieval Casa de Sant Jordi, considerada durante mucho tiempo como la sinagoga (aunque en realidad corresponde a un antiguo hospital medieval), y la Terrisseria. En la zona de la judería vieja se encontraban los principales espacios comunitarios de la comunidad judía de la ciudad: la sinagoga, el horno de pan y la carnicería, hoy desaparecidos, aunque localizables gracias a la documentación conservada.
2. La Morería
Fue el barrio donde se concentró la población islámica que permaneció en la ciudad después de la conquista cristiana. Aunque desapareció en gran parte durante la Guerra de los Segadores, todavía se conserva un pequeño sector cerca del antiguo Portal del Assoc.
3. Paseo de las Culturas
Situado a los pies del Castillo de la Suda, en cuya cima se encuentra visitable la única necrópolis andalusí de Cataluña. Se trata de un itinerario donde, a través de figuras creadas por el artista Ignasi Blanch, se recrean personajes destacados de la historia de Tortosa. De la etapa medieval destacan las figuras dedicadas a Ben Saruq, Abu-Bakr, el notario, los mercaderes, la leyenda de la Orden del Hacha y los moriscos. La visita culmina en la plaza de Sant Jaume, donde se pueden contemplar los murales dedicados a las Tres Culturas y al Llibre de les Costums, uno de los primeros textos jurídicos escritos en catalán.
4. Museo Municipal
Entre sus fondos destacan varias piezas arqueológicas de época andalusí (especialmente una importante colección de cerámica) y medievales, como el fragmento de una hanuká, el decreto de expulsión de los judíos de 1492 o los restos de una cruz de término gótica.
5. Catedral de Santa María
Situada en pleno corazón del casco antiguo, es sin duda el monumento más destacado de Tortosa. Dentro de sus muros encontramos un amplio conjunto de manifestaciones artísticas que van más allá de la arquitectura y abarcan escultura, pintura y artes decorativas.
La actual catedral, de estilo gótico, comenzó a construirse a mediados del siglo XIV en sustitución de una anterior románica consagrada en 1178, que había quedado pequeña para la creciente población. El proyecto empezó con una monumental cabecera que incorporaba el antiguo ábside románico, permitiendo continuar el culto mientras se construía el nuevo templo. A pesar de dificultades como la Peste Negra de 1348 o la crisis económica posterior, las obras avanzaron y a mediados del siglo XV se realizó una primera consagración.
Destaca también el retablo mayor dedicado a la Virgen de la Estrella, del siglo XIV, con estructura de políptico de madera con puertas pintadas con escenas de la Pasión. El claustro del siglo XIII y la exposición permanente de arte sacro conservan piezas excepcionales como el tapiz del Santo Supper (siglo XV), el retablo de la Transfiguración, la lápida judía trilingüe (siglos VI-VII) y la lápida fundacional de las atarazanas califales de Turtuxa (siglo X).
En este espacio tuvo lugar la Disputa de Tortosa (1413-1414), debate teológico promovido por el Papa Benedicto XIII (Papa Luna) que marcó el inicio del declive de las comunidades judías en la Corona de Aragón.
6. Palacio Episcopal
Su estructura, dimensiones y nobleza arquitectónica reflejan la importancia histórica de la diócesis de Tortosa durante la Edad Media. El edificio se organiza alrededor de un gran patio central con dependencias en la planta baja. En el primer piso se encuentra una galería de arcos apuntados sostenidos por columnas esbeltas. Destaca especialmente la capilla gótica, con una portada escultórica decorada con figuras de santos obispos y una Virgen con el Niño.
7. Fuente gótica de la ciudad
Reconstruida en la segunda mitad del siglo XX con piezas originales de la fuente del siglo XV. Destaca el escudo del municipio sostenido por dos ángeles y un curioso respiradero con tracería helicoidal.
8. Calle de la Rosa
Fue durante siglos una de las calles más señoriales de la ciudad. Se conservan dos casas góticas destacadas: el Palacio Oriol y el Palacio Despuig, cuyo patio conserva una elegante escalera lateral, una galería de arcos en la primera planta y restos de un artesonado de madera policromada.
9. Portal de los Romeos
Antigua puerta de acceso a la ciudad por donde pasaba una ramificación del Camino de Santiago del Ebro. Destacan los relieves monumentales de san Cristóbal y Santiago. Cerca de allí, en la planta baja de la Biblioteca Marcel·lí Domingo, se pueden ver restos arqueológicos de la ciudad islámica de Turtuxa.
10. Convento de Santa Clara
Fundado en el siglo XIII, conserva aún gran parte de su atmósfera conventual original a pesar de los graves daños sufridos en 1936 al inicio de la Guerra Civil. Destaca especialmente su claustro gótico, de gran elegancia. Es la única parte visitable del convento, ya que el monasterio sigue habitado por una comunidad religiosa de clausura.