Rutes Urbanes de Tortosa
La ruta del Barroco y la Semana Santa de Tortosa
Ruta Barroco y Semana Santa
Durante el periodo barroco, la ciudad de Tortosa, a pesar de algunos momentos de crisis (causados sobre todo por los efectos de la Guerra de los Segadores (1640-1651) y la de Sucesión (1705-1714)), vivió una época de fuerte impulso artístico y monumental. Aunque durante la primera mitad del siglo pasado una parte muy significativa de este legado artístico (sobre todo el de carácter religioso) sufrió importantes pérdidas, hoy podemos disfrutar de un patrimonio artístico barroco local muy importante, con algunos ejemplos únicos en el panorama de Cataluña.
1.
Esta ruta se inicia en la fachada de la Catedral. Fue construida entre la década de los treinta del siglo XVII y mediados del siglo XVIII, con largas interrupciones causadas por las guerras. Aunque el proyecto inicial se atribuye a Martí d’Abària, el largo proceso constructivo, de más de 120 años, provocó que se hicieran algunos cambios en el resultado final. A pesar de quedar inacabada, da como resultado la fachada más ancha de las catedrales catalanas, diseñada siguiendo muy de cerca los preceptos del Barroco italiano, en el que se inspira directamente.
Presenta cinco cuerpos. Sobre las tres puertas (una por cada nave) y los dos ventanales laterales, hay cinco hornacinas proyectadas para acoger esculturas monumentales. Solo la central tiene una figura moderna de mármol de la Virgen de la Cinta. Esta fachada, tal como la podemos ver hoy, es más ancha que alta, debido a que quedaron inacabados los elementos superiores, como las dos torres proyectadas; aun así destaca el monumental entablamento decorado con motivos vegetales de inspiración clásica y la policromía de los elementos arquitectónicos más destacados, como las columnas de jaspe de Tortosa (un material pétreo local empleado en muchos edificios barrocos de la Península Ibérica o Italia) o los mármoles de diversos colores.
2. Real Capilla de la Virgen de la Cinta
Esta advocación mariana tiene raíces medievales a través de la devoción hacia su reliquia: una cinta entregada, según señala la tradición, por la misma Virgen a un presbítero en el año 1178. Sin embargo, los acontecimientos históricos harán que no sea hasta el año 1672 cuando finalmente se inicien las obras de la gran capilla barroca. La construcción fue dirigida por el arquitecto Diego Martínez, que había participado en la construcción de la capilla de la Virgen de los Desamparados de la ciudad de Valencia, siguiendo el proyecto de un autor hasta ahora desconocido.
En 1715, el pintor valenciano Dionís Vidal comenzaba la pintura de las bóvedas, aunque su muerte repentina hizo que solo pudiera encargarse del primer tramo, situado sobre el presbiterio de la capilla. El resto de tramos de las bóvedas y la cúpula fueron pintados por su discípulo Josep Medina. El 17 de octubre de 1725, en medio de una fastuosa fiesta popular en las calles de la ciudad, la capilla fue oficialmente inaugurada con la celebración de la primera misa en su altar. No será hasta inicios del siglo XIX cuando se ejecute el retablo definitivo de mármoles y jaspe, encargado en 1822 e inaugurado en 1825.
Los resultados de todos estos esfuerzos, de casi dos siglos y medio de obras, son realmente magníficos: una capilla de planta rectangular con nave dividida en dos tramos, crucero de brazos poco profundos y cabecera rectangular. Todos los muros están articulados con pilastras de jaspe de Tortosa sobre un alto basamento, con fuste estriado y capitel compuesto. Los muros y las bóvedas de la capilla presentan una variada decoración pictórica: fresco en las cubiertas y cuadros al óleo en los dos primeros tramos de nave y en los muros laterales del crucero. En el espacio de la cabecera encontramos un completo trabajo escultórico de mármol blanco con las figuras de san Pedro y san Pablo acompañando a la Virgen de la Cinta en el descenso para entregar su cíngulo.
Más allá de la capilla, en la Catedral hay una magnífica colección de retablos de madera barrocos, entre los que destacan los dedicados al Rosario, de estilo rococó, o el de san José; también merece mención la Sacristía, de la segunda mitad del siglo XVIII.
3. Puerta de la Olivera
Fue construida a inicios del siglo XVIII y su curioso nombre proviene del hecho de que sobre el arco de la antigua puerta creció un olivo silvestre. La estructura de la portada recuerda mucho a la de los retablos de aquella época, con la adición de diversas esculturas: santa Cándida y san Córdula en las jambas, y la Virgen de la Cinta con san Pedro y san Pablo sobre el entablamento.
4. Antiguo Hospital de la Santa Cruz
Construido durante el siglo XVIII en sustitución del viejo hospital medieval derribado a causa de las guerras, presenta una magnífica portada con decoración escultórica en la parte superior.
5. Plaza de San Juan
Toma su nombre por la existencia de un convento femenino de la orden de San Juan del Hospital, conocido popularmente como el monasterio de la Rápita, por haber estado inicialmente ubicado en aquella población del Delta. A pesar de las importantes modificaciones que ha sufrido el edificio, cabe destacar su antiguo claustro y la magnífica portada de piedra, con decoraciones de rocalla, habituales en las obras del siglo XVIII.
6. Calle de Montcada
Fue una de las arterias urbanas más importantes del casco antiguo de Tortosa; hasta la última Guerra Civil de los años 1936-39 llegó a tener cuatro iglesias barrocas. Algunas sufrieron graves desperfectos durante el conflicto. En el caso de la del Seminario llegó a desaparecer totalmente y la de los Dolores solo conserva algunas partes (restos de la portada y de las capillas laterales), actualmente integradas en una plaza.
7. Antiguo convento de la Purísima Concepción Victoria
Este cenobio fue fundado a mediados del siglo XVII por el obispo italiano Battista Veschi, nombrado prelado de Tortosa durante los convulsos años de la Guerra de los Segadores. A partir del año 1652 se emprendió una ampliación del primer cenobio y el resultado es una de las mejores muestras de iglesia barroca del siglo XVII del sur de Cataluña, con algunas piezas de arte importadas desde Italia.
Destaca la imagen del Cristo, una figura de gran devoción en la ciudad; sabemos que fue esculpida por el fraile franciscano Humile da Petralia, quien la talló en 1635 en Palermo. El esfuerzo del escultor se concentró principalmente en la representación de la crucifixión, a la que dio un tratamiento de gran verismo, patetismo y fuerza espiritual, propio de la contrarreforma. Por tanto, nos encontramos ante una de las mejores muestras de escultura religiosa barroca italiana en Cataluña.
En cuanto al retablo mayor de piedra (pieza única en Cataluña), fue probablemente realizado en Génova, con mármoles de diversos orígenes y colores que conforman una monumental estructura arquitectónica clasicista. En la base del retablo se pueden ver claramente las armas del obispo fundador. En una capilla lateral de la iglesia, también realizada con mármoles, se encuentra la tumba del obispo fundador. Finalmente, en los muros laterales del presbiterio hay dos grandes cuadros al óleo que representan la Adoración de los Pastores y la de los Reyes Magos, ambos procedentes de talleres pictóricos napolitanos de mediados del siglo XVII. Destaca el segundo como copia de un cuadro de Artemisia Gentileschi, cuyo original se encuentra en la catedral de Pozzuoli.
8. Antigua iglesia de San Antonio
Construida a mediados del siglo XVII, era la sede de la Cofradía de Labradores de la ciudad. Sufrió graves daños durante la última Guerra Civil. En 2011 su interior fue transformado radicalmente para convertirse en un centro museográfico dedicado a la Semana Santa de Tortosa.
En este espacio se muestran los 11 pasos procesionales y diversos elementos vinculados a las procesiones y las cofradías. Esta festividad religiosa tiene en la ciudad características propias que la hacen singular respecto a otros lugares de Cataluña. Así, por ejemplo, la procesión más multitudinaria es la del Domingo de Ramos, en la que desfilan todos los pasos de las diversas cofradías, algunas con siglos de existencia, como la de los Labradores, la de la Purísima Sangre o la de los Dolores. También cabe destacar la emotiva procesión del Silencio, del Jueves Santo por la noche, o la del Santo Entierro, del Viernes Santo.
9. Iglesia de San Blas
Inicialmente era el templo del monasterio de frailes trinitarios. A pesar de las importantes destrucciones que sufrió durante la última Guerra Civil, todavía conserva en buen estado la fachada, con una portada de piedra construida, según indica la inscripción, a finales del siglo XVIII (año 1784), lo que puede explicar sus claras líneas neoclásicas.